viernes, julio 08, 2005

Nunca se sabe...

Subí en la máquina del tiempo que para mí había diseñado Wells y a través del espacio curvo que Einstein me dibujó en un papel me dirigí hacia el momento en que Hawking había fechado el Big-Bang, encontrándome allí que todo había sucedido al chocar dos electrones de un átomo de una molécula de una partícula de azúcar que una mosca disolvía en su aparato digestivo para ser lanzado en forma de ínfima cagarruta a los pies de un hombre que por allí pasaba. Era yo, que acababa de despertar. Probé las rosquillas del día anterior ( dejando algo para las moscas, claro ) y recé una oración porque... nunca se sabe.


Yo mismo, hace unos diez años????

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si el tiempo tuviera cuerpo, serían los paisajes del alma.